Embarazo de adolescentes en República Dominicana

Los embarazos en adolescentes son responsabilidades de adultos

POR LILLIAM FONDEUR

El embarazo en la adolescencia es uno de los hechos en que más se evidencia la injusticia social de clase y de género. Es entre otras causas, la expresión de niveles de vida desiguales, determinados por el sexo, el lugar de residencia, la falta de acceso a la educación, a la salud, al empleo, a tener un proyecto de vida, a la recreación y a las demás limitantes que alimentan y retroalimentan una y otra vez el círculo vicioso de la pobreza.

Estas condiciones de vida se vinculan a las altas tasas de fecundidad, de mortalidad materno infantil, a la ausencia de educación sexual oportuna, al inicio temprano de la vida reproductiva.

Hay otros factores asociados como por ejemplo, la falta de acceso a anticoncepción. En el Caribe un 40% de las chicas y un 50% de los chicos no tienen acceso a contracepción en su primera relación sexual. (OPS/OMS, 2005. Youth: Choices and Change. Washington DC).

A estos datos se añaden los mensajes sociales y la presión de pares más viejos y con más experiencia para tener sexo. Hay estudios que establecen una correlación entre abuso sexual contra adolescentes y embarazo, ejecutados estos por hombres mayores.

Las estadísticas revelan que la mayoría de embarazos en adolescentes son engendraros por adultos. Hombres adultos, con 18 años o más, cubiertos de inmunidad, violan a menores transgrediendo la ley .

La directora del Programa de Salud Integral para Adolescentes Embarazadas del hospital José María Cabral y Báez declaró que la mayoría de los hombres que embaraza a las adolescentes, entre 13 y 17 años (menores de edad), son adultos entre 30 y 60 años, lo que consideró una "aberración". El 10% de las adolescentes embarazadas atendidas en ese hospital está infectada de VIH.

A pesar de que la fecundidad en general ha descendido en la República Dominicana, la fecundidad de las adolescentes se considera elevada. La incidencia de embarazos es mayor en adolescentes de escasos recursos económicos, residentes en las regiones más pobres, emigrantes, de zonas rurales y en poblaciones menos educadas. Las adolescentes embarazadas son privadas del desarrollo por disminuir sus capacidades para la educación.

Al salir embarazadas, son expulsadas de las escuelas o cambiadas a la tanda nocturna, donde tienen un choque generacional, ya que sus compañeras y compañeros de clases son de mayor edad, por lo tanto con intereses diferentes, con una deserción escolar de cerca del 70%.

Las adolescentes gestantes, son víctimas de una discriminación, son rechazadas por sus padres, y si son pobres su situación tiende a empeorar y vuelven a embarazarse hasta tres veces más. Sin embargo, si un adolescente embaraza una joven no sufre ningún signo de discriminación.

Es necesario destacar que los embarazos durante la adolescencia forman parte del patrón cultural de algunas regiones y grupos sociales, sobre todo rurales.

Por el contrario, en las grandes ciudades generalmente constituyen embarazos no deseados y se presentan en parejas que no han iniciado una vida en común o se encuentran en situaciones de unión consensual, lo que generalmente termina con el abandono de la mujer y del hijo, generando así la condición social de "madre soltera". Además, muchos de estos embarazos terminan en abortos ilegales practicados por personal no capacitado y en condiciones sanitarias inadecuadas y de alto riesgo.

Los cambios que se producen en el cuerpo de una adolescente son percibidos por la sociedad, como invitación al inicio de una vida sexual. La tradición cultural de presentar a las jóvenes en sociedad y la tradición de celebrar los 15 años de las adolescentes, son una manifestación de la que la niña, ya es mujer, y por lo tanto apta para la vida sexual y la reproducción. Un producto para ser vendido al mejor postor.

La objetivización de las adolescentes la sumerge en condiciones de vulnerabilidad. La etapa de la juventud, la etapa de la inocencia, la etapa de la belleza, al igual que los mitos alrededor de la sexualidad ilimitada de las más jóvenes y la preferencia por las adolescentes porque supuestamente están libres del VIH, son patrones culturales sustentan el embarazo en adolescentes.

También hay que agregar, el intercambio de sexo por dinero, por regalos, por paseos, entre adolescentes y hombres adultos (sugar daddies).

Los datos obtenidos el año pasado muestran cifras alarmantes. En 2006 En la maternidad Nuestra Señora de La Altagracia el año pasado dieron a luz 22 niñas de 12 años y en el San Lorenzo de Los Mina una niña de 11 años. En ambos centros la atención a adolescentes embarazadas ocupa el 29% del total de mujeres embarazadas atendidas

En las clínicas de Profamilia atendieron 3,562 adolescentes embarazadas, representando el 17% de embarazos atendidos en sus centros.

Las estadísticas de los primeros tres meses del año revelan que en el Hospital de Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia dieron a luz 5,878 adolescentes y en el Materno Infantil San Lorenzo de los Mina 3,750, para un total de 9,628 partos en adolescentes en esos dos hospitales ubicados en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, respectivamente.

En el primer trimestre de este año, en la tanda vespertina, de la maternidad La Altagracia, se consultaron 1,387 adolescentes embarazadas. En el hospital San Lorenzo de Los Mina se reciben diariamente en consulta de 100 a 125 adolescentes embarazadas. También en el primer trimestre de este año, en el Hospital José María Cabral y Báez, de Santiago, el 27% de los partos fué de adolescentes. En este hospital fueron atendidas en consulta un total de 3,438 adolescentes embarazadas durante el primer cuatrimestre de este año, y ya han dado a luz 426.

Otros países latinoamericanos con problemas similares al nuestro en lo referente a embarazos de adolescentes y SIDA (como Brasil, Chile y Costa Rica) han emprendido políticas de educación sexual y reproductiva en las escuelas y centros comunitarios, políticas de prevención promoviendo y facilitando el uso de anticonceptivos, todas estas estrategias con el apoyo de la máxima representación del Estado.

Ante el contexto presentado es necesario tener una visión holística de los/as adolescentes, visualizando la realidad en que les ha tocado vivir, con la influencia de los medios de comunicación.

Reconocer la salud sexual y reproductiva como parte del desarrollo humano integral y, por lo tanto, la necesidad de trabajar de manera coordinada con todos los sectores que inciden en la salud y el desarrollo de la población adolescente.

Políticas de compromiso real son vitales para gestar en los adolescentes proyectos de vida que motiven prorrogar el inicio de las relaciones sexuales.

Cuando las relaciones sexuales ya han sido iniciadas, es imprescindible ofrecerles a los futuros adultos, transitoriamente adolescentes, la manera de poder evitar una enfermedad mortal y/o un embarazo no deseado, promoviendo el uso de preservativos o condones, la manera mas puntual de enfrentar la epidemia de VIH/SIDA y de embarazos en adolescentes que afecta a los más y menos favorecidos, a los que viven en condiciones de pobreza, sólo al 60% de nuestra población.


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